Por: Lina Uribe
Es difícil
sentarse a escribir y sentir que se han acabado las ideas. Debajo de la cama
siempre están las de miedo, y en el armario guardo las que me hacen doler el
pecho. Pero hoy no quiero escribir ni de monstros ni de amor, no. Hoy quiero
escribir una historia distinta.
Mirame, Pablo,
que te estoy hablando. Apagá la estufa que se nos queman los espaguetis y es lo
único que tenemos para la comida de esta noche.
Levantate de esa puta cama y hacé algo por mí, por vos, por los dos.
Dejame ver, por primera vez en mucho tiempo, que servís para algo distinto a
nada.
En este cuarto
siempre sudo más de la cuenta. No sé si por el afán, no sé si por la tensión,
pero el calor que me da aquí es una cosa muy seria. Se me humedecen hasta las
curvitas de las orejas y el intermedio de los dedos del pie, aunque yo me lo
aguanto porque tengo que escribir. Tengo que escribir porque las letras son lo
único que me amarran a este mundo. Ah, y vos también, Pablo. No me preguntés
por qué, porque no tengo ni la más mínima idea. Si la tuviera, escribiría una historia con
ella.
Siempre he
admirado a la gente que puede seguir como si nada después de la picadura de un
insecto. Y es que claro, para alguien a quien le da fiebre, ronchas y desmayos
por el veneno de cualquier animalejo, la gente inmune es toda una heroína, es
el eterno become. Vos sos así, Pablo.
A vos te puede morder hasta una culebra y no te pasa absolutamente nada.
Cuando te
conocí, hasta me invitabas a comer algunos sábados de vez en mes. Me decías que
cocinabas, pero yo siempre supe que pedías en el restaurante de la vuelta. Yo
te creía porque quería creerte, era un acto puro de amor. Hoy ya ni pedís ni
cocinás. Hoy simplemente estás. Hoy solo respirás.
A veces me
pregunto dónde están todas las personas en las que se inspiraron esos grandes
escritores. Si hay alguna por ahí, que venga que yo le pago. Vos no, Pablo. Vos
no estás para esas vainas. Cuando me inspiro en vos termino escribiendo cosas
que la gente abandona casi siempre en el primer párrafo, estoy completamente
segura de eso. Cuando pienso en vos se me hace agua la boca, pero el agua daña
el papel y borra la tinta. Por eso no me servís. Vos sos solamente un osito de
goma que me sirve de placebo cuando pongo el punto final.
Una historia
distinta debe estar en cualquier parte. Podría escribir sobre, no sé, un hombre
que se fue de su casa y encontró la libertad, o sobre un reloj que perdió la
paciencia cuando intentaba, él solo, darse cuerda. Pero este no es mi día. Esta
no es mi hora ni este es mi momento. Los espaguetis, Pablo. Te dije que
apagaras la estufa para que no se nos quemaran.
Es difícil
sentarse a escribir y sentir que se han acabado las ideas, pero es más difícil
aún darte cuenta de que no podés crear una historia distinta porque vivís en un
armario que está debajo de una cama, en un cuarto lleno de insectos venenosos
que te impiden salir a conocer el mundo y con con un man que existe únicamente en tu cabeza.
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