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sábado, 9 de febrero de 2013

A vos, José Pablo


Por: Lina Uribe

Es difícil sentarse a escribir y sentir que se han acabado las ideas. Debajo de la cama siempre están las de miedo, y en el armario guardo las que me hacen doler el pecho. Pero hoy no quiero escribir ni de monstros ni de amor, no. Hoy quiero escribir una historia distinta.  

Mirame, Pablo, que te estoy hablando. Apagá la estufa que se nos queman los espaguetis y es lo único que tenemos para la comida de esta noche.  Levantate de esa puta cama y hacé algo por mí, por vos, por los dos. Dejame ver, por primera vez en mucho tiempo, que servís para algo distinto a nada.

En este cuarto siempre sudo más de la cuenta. No sé si por el afán, no sé si por la tensión, pero el calor que me da aquí es una cosa muy seria. Se me humedecen hasta las curvitas de las orejas y el intermedio de los dedos del pie, aunque yo me lo aguanto porque tengo que escribir. Tengo que escribir porque las letras son lo único que me amarran a este mundo. Ah, y vos también, Pablo. No me preguntés por qué, porque no tengo ni la más mínima idea.  Si la tuviera, escribiría una historia con ella.

Siempre he admirado a la gente que puede seguir como si nada después de la picadura de un insecto. Y es que claro, para alguien a quien le da fiebre, ronchas y desmayos por el veneno de cualquier animalejo, la gente inmune es toda una heroína, es el eterno become. Vos sos así, Pablo. A vos te puede morder hasta una culebra y no te pasa absolutamente nada.

Cuando te conocí, hasta me invitabas a comer algunos sábados de vez en mes. Me decías que cocinabas, pero yo siempre supe que pedías en el restaurante de la vuelta. Yo te creía porque quería creerte, era un acto puro de amor. Hoy ya ni pedís ni cocinás. Hoy simplemente estás. Hoy solo respirás.

A veces me pregunto dónde están todas las personas en las que se inspiraron esos grandes escritores. Si hay alguna por ahí, que venga que yo le pago. Vos no, Pablo. Vos no estás para esas vainas. Cuando me inspiro en vos termino escribiendo cosas que la gente abandona casi siempre en el primer párrafo, estoy completamente segura de eso. Cuando pienso en vos se me hace agua la boca, pero el agua daña el papel y borra la tinta. Por eso no me servís. Vos sos solamente un osito de goma que me sirve de placebo cuando pongo el punto final.

Una historia distinta debe estar en cualquier parte. Podría escribir sobre, no sé, un hombre que se fue de su casa y encontró la libertad, o sobre un reloj que perdió la paciencia cuando intentaba, él solo, darse cuerda. Pero este no es mi día. Esta no es mi hora ni este es mi momento. Los espaguetis, Pablo. Te dije que apagaras la estufa para que no se nos quemaran.

Es difícil sentarse a escribir y sentir que se han acabado las ideas, pero es más difícil aún darte cuenta de que no podés crear una historia distinta porque vivís en un armario que está debajo de una cama, en un cuarto lleno de insectos venenosos que te impiden salir a conocer el mundo y con con un man que existe únicamente en tu cabeza. 

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